La ordenación como caballero, en su ritual y en su significado simbólico, es comparable, por un lado, a la ceremonia del homenaje feudal (una institución nobiliaria), y por otro al sacramento del orden por el que un clérigo es ordenado sacerdote.
Tradicionalmente el caballero recibía una larga formación antes de ser nombrado caballero. Normalmente se hacia coincidir con una festividad religiosa para darle mayor importancia pero se podía celebrar en cualquier momento. Tras esta ceremonia el aspirante pasaba a pertenecer a la Orden Laica de la Caballería.
Las crónicas remontan el origen de esta ceremonia a aquella que se celebró en el año 791 en la que Carlomagno ciño la espada a su hijo y heredero Ludovico Pio.
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| Carlomagno |
La víspera del día señalado para el nombramiento el aspirante debía velar las armas durante toda la noche en la capilla del castillo. Rezando pidiendo al Señor ayuda para llevar a cabo la tarea que tendría que llevar a cabo en adelante. Tras esta purificación interior era bañado, perfumado y cubierto con un vestido blanco (purificado exteriormente).
Al día siguiente, en el gran salón de la fortaleza y delante de todos los cortesanos, al candidato se le cubría con la vestimenta de batalla. En primer lugar unos ropajes acolchados que protegían su cuerpo del peso de la propia armadura, incluida la cabeza. A continuación, la cota de malla, que realizada en dos piezas, (la parte superior tenía capucha y se introducía como un jersey, en tanto que la parte inferior venía a ser como unos pantalones), le cubría de la cabeza a los pies. Después, pieza a pieza, se acoplaba la armadura y, finalmente, se le hacía entrega de sus armas; casco y escudo para la defensa, y espada y lanza para el ataque.
Al día siguiente, en el gran salón de la fortaleza y delante de todos los cortesanos, al candidato se le cubría con la vestimenta de batalla. En primer lugar unos ropajes acolchados que protegían su cuerpo del peso de la propia armadura, incluida la cabeza. A continuación, la cota de malla, que realizada en dos piezas, (la parte superior tenía capucha y se introducía como un jersey, en tanto que la parte inferior venía a ser como unos pantalones), le cubría de la cabeza a los pies. Después, pieza a pieza, se acoplaba la armadura y, finalmente, se le hacía entrega de sus armas; casco y escudo para la defensa, y espada y lanza para el ataque.
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| Equipo clásico de caballero |
Por último, arrodillado ante su señor(o ante el oficiante de la ceremonia que indefectiblemente había de ser varón-clérigos excluidos-y caballero con honra), le preguntaba si quería recibir la Orden de Caballería y si se comprometía a mantenerla y a cumplir todos los deberes a los que su condición de caballero le obligaba. Después era él quien le calzaba las espuelas y le ceñía la espada. A continuación, el aspirante pronunciaba el juramento de lealtad y defensa de la Santa Iglesia. Tras esto el señor le daba una bofetada para que no olvidara lo prometido y ambos se daban un beso, lo cual simbolizaba la fe y paz dentro de la hermandad de lo caballeros. Estos instantes cruciales, introducían definitivamente al aspirante en la Orden de Caballería.
Julio Campos

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Julio,
ResponderEliminartienes que citar la fuente de donde has extraido la información. Hay algunos párrafos en los que les falta alguna coma para separar varios verbos juntos.
Tu entrada es puramente informativa, recuerda que las entradas tienen que ser más personales y críticas.
Un saludo, Ana